Carta de una deportación

Ni siquiera me dejaron decirte Adiós. Ni siquiera pude estrechar tus manos por última vez. Ni siquiera pude abrazarte. Cuántos ni siquiera que se esfuman en el aire.

Todos nuestros planes truncados. Y sin previo aviso.

Llamé y me dijeron que aún estabas allí. Pero, en realidad, por esas horas ya estabas rumbo a la frontera. ¡Malditas líneas del mapa!

Te arrebataron de mi lado,  en la más fría y oscura noche (al menos así la sentí yo). Te despertaron de madrugada, y te anunciaron que “te llegó el día”, que “hoy te vuelves a tu país”.

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